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“Alimentos campesinos para México. El hambre no espera”

Posicionamiento en relación a las medidas anunciadas por el presidente Felipe Calderón “Acciones en Apoyo a la Economía Familiar” el 24 de mayo de 2008

“No a la economía del objeto sino a la economía del sujeto. Lo que la sociedad necesita no es un libre mercado sino una sociedad libre. Libre y justa. De modo que habrá que contravenir al mercado cuando haga falta con tal de garantizar la justicia y la libertad. Esto se llama economía moral en contraposición a la desalmada dictadura del toma y daca. Frente a un capitalismo contrahecho y vicioso es necesario restituir la preeminencia de los acuerdos sociales sobre la maquinaria productiva. Es forzoso restablecer la economía moral”.
Armando Bartra

I. Las medidas de Calderón autoritarias, continuistas, tardías e ineficaces para frenar el alza de los alimentos y los insumos agrícolas

Después de año y medio de negar la existencia de la crisis alimentaria en México, el gobierno de Felipe Calderón reconoce tardía y superficialmente la realidad de la carestía y sus graves impactos socioeconómicos para nuestro país.

De enero de 2007 a la fecha, los precios de los alimentos se han incrementado en más del 70% afectando severamente la economía y la nutrición de la mayoría de las familias mexicanas. Este hecho -negado una y otra vez por el presidente y los secretarios de Agricultura, Economía y Desarrollo Social- se presenta en un marco de estancamiento de la economía nacional, crecimiento de la dependencia de las importaciones agroalimentarias, disminución del poder adquisitivo de los salarios y la existencia de 60 millones de mexicanos que sobreviven en condiciones de pobreza, 20 millones que padecen desnutrición y anemia; y 35 millones con obesidad.

Como es claro, el incremento de los precios de los alimentos ha causado enormes sufrimientos a las familias mexicanas, principalmente a las de más bajos ingresos, y continuará provocando un aumento en la malnutrición (desnutrición, anemia, obesidad) y la pobreza, mientras no se enfrenten las causas estructurales, de fondo, de la crisis alimentaria en México y en el mundo.

Las medidas anunciadas por el presidente Calderón “en apoyo a la economía familiar” el pasado domingo 24 de mayo representan un esfuerzo mediático, demagógico, superficial, tardío e ineficaz para contener el alza en los precios de los alimentos e insumos agrícolas así como para frenar la grave afectación al poder adquisitivo de las familias y la malnutrición que padece el pueblo mexicano.

El presidente Calderón miente al afirmar que para su gobierno la seguridad alimentaria es un asunto de Estado. Si así fuera hubiera convocado a un diálogo con los poderes de la República y los gobiernos de los estados y municipios así como con la sociedad mexicana para concertar una verdadera política de Estado para enfrentar la crisis alimentaria. Al no hacerlo, Calderón reiteró una vez más su vocación autoritaria y antidemocrática. Pareciera en todo caso, que Calderón piensa como el Rey Sol: “el Estado soy yo”.

La primera medida anunciada consiste en la eliminación de los aranceles a las importaciones de los alimentos provenientes de otros países, con los que nuestro país no tiene suscritos tratados de libre comercio. Esta disposición hecha a la medida de la industria agroalimentaria, la cual será la única beneficiaria, ratifica y profundiza el modelo de dependencia alimentaria, que es la causa central de la creciente vulnerabilidad e inseguridad alimentaria en México. Por lo demás, no tendrá ningún efecto para frenar el alza de los precios, puesto que a nivel internacional éstos se determinan en las bolsas de granos de los Estados Unidos, país del cual importamos ya sin aranceles más del 85% de las importaciones alimentarias. O sea, se trata de diversificar la compra en el exterior de granos, oleaginosas y leche en polvo a los mismo altos precios con que se compra en Estados Unidos y Canadá. Esta medida ya antes anunciada en enero de 2007 y que no tuvo ningún efecto para “frenar” el tortillazo, ahora resultará igualmente ineficaz y los precios seguirán a la alza. Es una medida demagógica. El anuncio de Calderón generará un efecto contraproducente en los mercados internacionales (al alza) por la señal de pánico emitida por el gobierno mexicano.

A todo esto, ¿por qué eliminar aranceles para importar maíz blanco cuando, según el gobierno, tenemos la mayor cosecha de maíz en la historia? ¿Y por qué abrir cupos unilaterales de frijol, sin consultar con las organizaciones de productores, cuando se está en pleno proceso de comercialización de las cosechas de ciclo primavera-verano pasado y está por salir la cosecha del otoño-invierno? ¿Por qué en lugar de frenar la especulación, el intermediarismo y los oligopolios en la venta del frijol, se les premia?

Por lo que hace a la segunda medida anunciada por el presidente Calderón de apoyar la producción de alimentos y el acceso a fertilizantes a bajo precio, se trata de medidas ya antes anunciadas sin ningún resultado y extemporáneas, puesto que el precio del fertilizante en los mercados internacionales se ubica hoy en día en sus niveles máximos y en buena parte del país ya iniciaron las siembras del presente ciclo. Por lo demás, el principal programa en apoyo a la producción de maíz y frijol –el PROMAF II– y sus $3 mil 500 millones aún no opera y, en el mejor de los casos, empezarían a ejercerse los recursos a partir de julio próximo cuando las siembras del presente ciclo ya hayan sido completadas. Como se ve, no se trata de medidas extraordinarias, de emergencia, diferentes, oportunas, eficientes. Es tan sólo más de lo mismo.

Por lo que respecta a la creación de una reserva estratégica de maíz, se trata de un vulgar engaño del presidente Calderón. En realidad, se anuncia como “reserva estratégica de maíz” algo que ha estado haciendo Diconsa siempre: comprar maíz para abastecer las tiendas de su programa rural de abasto. No es medida nueva, ni es reserva, ni es estratégica. Nuevamente, es más de lo mismo. Una mentira.

Por lo que hace al anuncio que a través de las tiendas de autoservicio, se congelarán los precios de una canasta alimentaria básica, se trata, una vez más, de una medida ya antes anunciada y sin ningún efecto. Como en el caso del pacto de la tortilla con esta medida nos obligan a consumir en estos comercios, pasando a ser el gobierno su mejor promotor y cancelando los mercados locales.

Con relación al anuncio de incrementar de $535 hasta $635 el apoyo a las familias del programa Oportunidades, es una medida a todas luces insuficiente, toda vez que el incremento de hasta $120, representa en el mejor de los casos –que sean $120- un incremento del 22.4% frente al incremento del 70% de los precios de los alimentos experimentados en la administración calderonista.

Pareciera que el único anuncio rescatable es el que se refiere a la tecnificación de “500 mil hectáreas de riego” hacia el final de su mandato. Al respecto valdrían algunas preguntas: ¿qué presupuesto se tiene comprometido para tales metas?, ¿se realizarán con agricultores ricos ó con agricultores pequeños y medianos en el norte y bajío y en el sur-sureste con campesinos y comunidades indígenas?

Por último, con relación al encendido llamado del presidente Calderón: “no toleraremos especuladores ni acaparadores y vamos a castigar a quienes pretendan lucrar con la necesidad y el hambre de los mexicanos”, seguramente se estaba refiriendo a Cargill, empresa trasnacional, la cual con el apoyo del titular de la Sagarpa y subsidios de más de 400 millones de pesos otorgados por Aserca, ha acaparado y especulado con alrededor de 1.5 millones de toneladas de maíz tan sólo en los últimos 12 meses.

Como se observa, se trata de medidas inerciales, continuistas, superficiales, insuficientes, autoritarias, inconsultas con la sociedad y demagógicas.

El régimen calderonista persiste en no reconocer la gravedad de la crisis alimentaria en México y en el mundo y las causas de fondo de dicha crisis. ¿Será por no convenirles a las grandes corporaciones mexicanas y trasnacionales que dominan toda la cadena agroalimentaria en México?

La crisis alimentaria y el fantasma del hambre que recorre nuestro país –y el mundo– continuará y se profundizará en los próximos meses y años, agudizando la crisis política y social que vive el país y contagiando nuestra frágil estabilidad económica y financiera.

El Ejecutivo Federal reitera una vez más su ineptitud, indolencia y conflicto de intereses. Es el tiempo de la sociedad civil, de las organizaciones campesinas, de las organizaciones urbanas y de la ciudadanía de a pie. También es el tiempo del Congreso de la Unión.

II. Principios centrales de un Programa Emergente para el Campo Mexicano y enfrentar la crisis alimentaria

1. Políticas públicas alternativas de Estado. La gravedad de la crisis alimentaria y la complejidad involucrada para su enfrentamiento, requieren la participación amplia, plural e incluyente de toda la sociedad y los poderes de la República. Se trata de reconocer genuinamente la inseguridad y vulnerabilidad alimentarias por la que atraviesa el país como un asunto de Estado.
2. Soberanía alimentaria. Frente al modelo de dependencia alimentaria y libre comercio en materia agroalimentaria, debe adoptarse el principio de soberanía alimentaria como la base y columna vertebral de una nueva política agroalimentaria para enfrentar la crisis en el corto, mediano y largo plazos. Se trata de dar paso a políticas públicas activas y a un renovado papel del Estado para establecer y regir con autodeterminación, políticas de autosuficiencia alimentaria, procesamiento, distribución y acceso de alimentos.
3. Revalorización e impulso a la agricultura campesina. La crisis alimentaria es posible enfrentarla bajo el principio de soberanía alimentaria y con una revalorización de la agricultura campesina. A lo largo de los últimos 25 años se ha menospreciado la contribución y el potencial de la agricultura en pequeña y mediana escala. Los campesinos tienen en sus manos el 80% de las tierras y del territorio rural. Tienen un potencial capaz de responder a las necesidades alimentarias del pueblo mexicano.
4. Agricultura sustentable y reconocimiento del carácter multifuncional de la agricultura campesina y la gestión del territorio rural. El modelo de agricultura industrial (grandes unidades de producción, uso creciente de agua, maquinaria e insumos derivados de los hidrocarburos y subsidios, produciendo monocultivos con tecnologías riesgosas) y el reduccionismo economicista de la agricultura están agotados y han sido factores que han contribuido a la crisis alimentaria en el mundo y en México. Para enfrentar la grave situación actual debemos transitar hacia un modelo de agricultura más sustentable que reconozca las múltiples contribuciones de la agricultura a la sociedad y al desarrollo económico del país. Un modelo que reivindique y valorice el papel de las mujeres en la producción campesina y promueva la producción de alimentos sanos, de bienes y servicios ambientales, la conservación de la biodiversidad, el equilibrio del doblamiento territorial, la reproducción de la diversidad étnica y cultural, la seguridad nacional, etc.
5. Derecho a la alimentación. La alimentación es un derecho humano fundamental que debe ser garantizado por la Constitución y tutelado por el Estado mexicano. Debe ser erradicada la desnutrición y la anemia así como la obesidad. ¡El hambre no espera!
6. Lucha contra los monopolios alimentarios y la publicidad engañosa en los alimentos. Los grandes corporativos son quienes dictan los hábitos de consumo de la totalidad de la población mexicana, siempre a favor de ganancias mercantilistas. Por ello, es necesario impulsar el consumo responsable acompañado de correcta regulación de las campañas publicitarias que inflan los valores nutricionales de los productos generados por dichos monopolios. Es necesario reconocer que el modelo actual nos esta llevando a una alimentación que lejos de alimentarnos nos engorda y nos mantiene desnutridos. Como consumidores debemos ejercer nuestro derecho a decidir que alimentación queremos y a quienes queremos favorecer.

III. Propuestas centrales para enfrentar la crisis alimentaria en México
1. Acciones para incrementar la producción y productividad sustentable con campesinos:
a) Programa de mediano plazo para disminuir la dependencia alimentaria del 42% al 20% en el 2012. Concertación del gobierno federal y gobiernos estatales con las organizaciones por rama de producción de metas de incrementos anuales de la producción.
b) Aprobación por el Senado de la República de la minuta de Ley de Planeación para la Soberanía y la Seguridad Alimentaria y Nutricional y de la minuta de Ley de Gas Natural de Proceso.
c) Programa de mediano plazo para la sustitución de importaciones agroalimentarias a fin de eliminar el déficit de la balanza comercial agroalimentaria en 2012.
d) Aprobación por el Congreso de la Unión de un mecanismo de administración del comercio exterior de los alimentos básicos y estratégicos, de conformidad con la LDRS.
e) Acciones urgentes para apoyar la agricultura campesina y las técnicas sustentables de producción.
f) Programa de tecnificación del riego y ampliación de la infraestructura hidroagrícola.
g) Reestructuración consensuada de los programas e instituciones del sector rural.
h) Renegociación del TLCAN y de los Acuerdos de Agricultura de la Organización Mundial de Comercio para dejar a salvo nuestros derechos a la soberanía alimentaria.

2. Acciones para garantizar un acceso universal a los alimentos a precios razonables:
a) Aprobación por la Cámara de Diputados de la minuta del Senado por el cual se eleva a rango constitucional el derecho a la alimentación.
b) Establecimiento de una canasta alimentaria básica con precios controlados con productos nacionales, fomentando la compra con asociaciones de productores mexicanos.
c) Ampliación presupuestal a Diconsa para incrementar a 100 los almacenes regionales y a 5 mil tiendas comunitarias su cobertura en el medio rural. Asimismo, para la renovación y ampliación de su flotilla de transporte y para mantener los precios en el nivel prevaleciente en enero de 2007. Regla: compra obligatoria de la producción local y regional vía asociación de productores.
d) Incremento de 100% al monto de apoyo a las familias en el programa Oportunidades.
e) Programa de empleo rural para la reforestación comunitaria, el mejoramiento de las terrenos, construcción de caminos y bordos, mantenimiento de las infraestructura social y productiva, etc.
3. Reserva Estratégica Alimentaria. Administrada por la Sagarpa y un consejo intersecretarial e intersectorial, constituida por el volumen de maíz (3 millones de toneladas), trigo (1 millón), frijol (200 mil toneladas), arroz (200 mil toneladas) y leche en polvo equivalente a 4 meses del consumo nacional.
4. Moratoria a la siembra de maíz transgénico y al uso de alimentos para producir agrocombustibles.
5. Presupuesto requerido y fuentes:
a) Reducción del 20% del gasto corriente de la alta burocracia del Ejecutivo Federal, Poder Judicial y Poder Legislativo, incluyendo reducción salarial, prestaciones y eliminación del seguro de gastos médicos mayores.
b) Excedentes petroleros a un Fondo Nacional para la Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional.
c) Ingresos extraordinarios por la recaudación del IETU.
d) Decomisos del crimen organizado (25%).

Ante la irresponsabilidad del gobierno federal, una vez más las organizaciones aglutinadas en la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano, Sin maíz no hay país y sin frijol tampoco ¡Pon a México en tu boca! informamos que estamos trazando un Programa Emergente para el Campo Mexicano y enfrentar la crisis alimentaria. Llamamos a la sociedad mexicano a apoyar nuestras propuestas y demandas para producir nuestros alimentos y reconquistar nuestra soberanía alimentaria

La gravedad de la crisis alimentaria y la complejidad involucrada para su enfrentamiento, requieren la participación amplia, plural e incluyente de toda la sociedad y los poderes de la República. Se trata de reconocer genuinamente a la inseguridad y vulnerabilidad alimentaria por la que atraviesa el país como un asunto de Estado.
 

 

Diario del Yaqui  Viernes 9 de mayo de 2008

México ante la crisis mundial de alimentos


Por Alberto Vizcarra Osuna*

La escasez y encarecimiento mundial de los alimentos ha irrumpido en el escenario internacional, como un estallido de la realidad que hoy abarrota la agenda de los principales foros internacionales. Entidades responsables de las políticas económicas globales que propiciaron la presente crisis alimentaria mundial, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), se han visto obligados a reconocer la gravedad del asunto, pero se niegan a admitir su causa, y solo se limitan a proponer acciones emergentes de asistencialismo a las regiones y países más vulnerables, para tratar de atenuar el impacto mortal con el que nos amenaza el ahora reconocido tsunami alimentario mundial.

El FMI y el BM, omiten las causas que nos llevaron a esta crisis que amenaza con la muerte por inanición de cientos de millones de seres humanos en Asia, África y América Latina, porque durante los últimos cuarenta años se convirtieron en instrumentos de los intereses financieros supranacionales que desde la llamada Ronda de Uruguay realizada en los años setenta, hasta la constitución de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en la década de los noventa, impusieron esquemas de libre mercado que redujeron la capacidad de las naciones de producir sus propios alimentos, y entregaron el mercado de los mismos a los corporativos que hoy monopolizan y especulan con estos bienes básicos.

Desde la Ronda de Uruguay la mayoría de las naciones empezaron a ser sometidas a una tremenda presión para que abandonaran el modelo económico orientado hacia la autosuficiencia alimentaria, y se les fue obligando al retiro de todo esquema de protección arancelaria así como a la eliminación de los precios paritarios o de garantía, bajo la falacia de que tales políticas introducían elementos de distorsión en los mercados internacionales.

Los países sucumbieron a estas presiones, y el resultado está ahora a la vista: el jinete apocalíptico del hambre toca a la puerta de las naciones, y anuncia una catástrofe humana sin precedentes.

Naciones como China, Rusia, la India, Argentina, entre otras, están tomando medidas de protección para establecer control de sus mercados internos, reduciendo o eliminando sus exportaciones de granos, para asegurar los abastos mínimos que les permitan alimentar a su población. Esto lo están haciendo en contraposición a las disposiciones de la OMC y de los intereses especulativos de corporativos como Cargill, Monsanto, Dreyfuss, Nestle, etc.

Acciones necesarias, pero no suficientes. De acuerdo a las necesidades presentes y futuras, el mundo requiere duplicar la producción de alimentos, para estabilizar la situación, y ello demanda que las naciones restablezcan las políticas de protección a las actividades primarias y se encaminen al establecimiento de un nuevo sistema financiero internacional que abandone las fracasadas y perniciosas prácticas del libre comercio para sustituirlas por un conjunto de acuerdos basados en el principio del comercio justo y el beneficio mutuo.

La condición de México, frente a este cuadro mundial dramático, es de extrema vulnerabilidad pues estamos en la lista de los principales países importadores de alimentos a nivel internacional. Sin embargo, el gobierno de Felipe Calderón, como lo hizo frente al desplome de la economía norteamericana, ahora ante la crisis alimentaria mundial dice que el país no será afectado y que nos encontramos blindados ante los posibles efectos de esta crisis mundial.

Se ha convertido en hábito del gobierno calderonista decretar la desaparición de los problemas, pero la realidad siempre ha sido despiadada con los necios, y la crisis de la tortilla que registramos a principios del año pasado, palidecerá si no tomamos las providencias elementales para proteger a la nación de las consecuencias previsibles que esta catástrofe alimentaria podría tener sobre México.

El gobierno de Calderón debe tomar medidas emergentes de control y regulación del mercado nacional de alimentos. Establecer controles también sobre las exportaciones de granos básicos y una política de precios de garantía que asegure la capitalización del sector agrícola, así como apoyos extraordinarios a la investigación y el extensionismo. Pero fundamentalmente debe implementar una vigorosa política de inversión pública en obras de infraestructura hidráulica, como el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO), que aseguren en un corto tiempo, ampliar la frontera agrícola para incrementar la producción nacional de granos y estar en condiciones de poder contar con una reserva alimentaria que proteja a la población de morir por inanición.

Esta es sin duda una prueba existencial para la humanidad, pero especialmente para los gobiernos del mundo, y por lo tanto para el gobierno de Calderón. Todos tenemos responsabilidad ante situaciones como estas, pero no todos estamos en la condición y en la capacidad orgánica para tomar acciones ejecutivas al respecto. Si Calderón no toma las acciones pertinentes, la historia lo juzgará como el responsable de la vida de cada mexicano que muera por inanición.

*Dirigente del Foro Permanente de Productores Rurales

 

La Jornada  Viernes 9 de mayo de 2008

La hora de La Vía Campesina


Peter Rosset*

A escala mundial parece que ya llegó la hora de La Vía Campesina Internacional. Por más de 10 años la alianza global de las organizaciones campesinas ha estado construyendo una propuesta alternativa para los sistemas alimentarios de los países, la soberanía alimentaria. El año pasado se constató en el Foro Mundial de la Soberanía Alimentaria, realizado en Malí, que este debate ha venido ganando terreno con otros movimientos sociales, como los de los pueblos indígenas, las mujeres, los consumidores, los ambientalistas, algunos sindicatos, y otros. Pero a nivel de gobiernos y organismos internacionales, había llegado a oídos más o menos sordos. Pero ahora no. La crisis mundial de los precios de los alimentos, que ya ha provocando motines en diversos países de Asia, África y América, está haciendo que todos coloquen atención en este tema.

¿Cuáles son las causas de las alzas extremas de los precios? Hay causas de largo plazo y causas de corto plazo. En cuanto al primero, se destacan los efectos de tres décadas de políticas neoliberales y de comercio libre sobre los sistemas alimentarios. En casi todos los países se ha desmantelado la capacidad productiva nacional de alimentos, sustituyendo una capacidad creciente para producir agroexportaciones, estimulado por enormes subsidios al agronegocio provenientes de los erarios.

Son los sectores campesinos y de agricultura familiar los que alimentan a los pueblos del mundo; los grandes productores tienen vocación de exportar. Pero a los primeros se les han quitado los precios de garantía, los paraestatales de comercialización, los créditos, la asistencia técnica y, sobre todo, su mercado, inundado primero por importaciones baratas, y una vez capturados estos mercados nacionales por las empresas trasnacionales, ahora reciben importaciones muy caras.

A la vez, el Banco Mundial y el FMI han obligado a los gobiernos a deshacerse de las reservas de cereales en manos del sector público, haciendo que en el mundo de hoy tengamos uno de los márgenes más estrechos en la historia reciente entre reservas y demanda, lo cual provoca el alza y la volatilidad de los precios. O sea que los países casi no tienen ya ni reservas ni capacidad productiva, y son dependientes de las importaciones, que ahora suben de precio. Otras causas de largo plazo, pero en menor escala, son los cambios en los patrones de consumo en algunos países, como la preferencia por carne por encima de dietas vegetarianas.

Entre las causas de corto plazo, la más importante es la entrada repentina del capital financiero especulativo, los llamados fondos de riesgo o hedge funds, en las bolsas de los contratos a futuro de los cereales y otros alimentos, los llamados commodities. Con el colapso de la burbuja artificial del mercado inmobiliario de Estados Unidos, su ya desesperada búsqueda de nuevas oportunidades de inversión lo hizo descubrir estas bolsas de alimentos. Es atraído por la volatilidad de cualquier mercado, ya que toma sus ganancias tanto en las subidas como en las bajadas, apostando como si fuera un casino. Apostando, pues, con la comida de la gente. Estos fondos hasta ahora han inyectado unos 70 mil millones de dólares extras a los precios de los commodities, inflando una burbuja que coloca los alimentos fuera del alcance de los pobres. Y cuando la burbuja entra en su inevitable colapso, va a quebrar a millones de agricultores del mundo entero.

Otro factor en el corto plazo ha sido el boom de los agrocombustibles, que compiten por área de siembra con los cultivos alimenticios y el ganado. En Filipinas, por ejemplo, el gobierno ha firmado acuerdos que comprometen una área de siembra para agrocombustibles equivalente a la mitad del área sembrada de arroz, alimento principal de su población. Debe ser considerado un crimen contra la humanidad alimentar a coches en lugar de personas.

También, el alza mundial de los costos de los insumos agroquímicos, como resultado del precio alto de petróleo, es un factor contribuyente a corto plazo. Otros factores recientes incluyen sequías en algunos países, y los esfuerzos del sector privado reaccionario, conspirando con la CIA y las trasnacionales, para exportar los alimentos de Venezuela, Bolivia y Argentina, generando escasez artificial como manera de desestabilizar sus gobiernos.

Frente a todo este panorama, y sus implicaciones futuras, se destaca una sola propuesta que esté a la altura del reto. Bajo la soberanía alimentaria los movimientos sociales, y un número creciente de gobiernos progresistas o semiprogresistas, proponen re-regular los mercados de alimentos que fueron desregulados por el neoliberalismo. E inclusive, regularlos mejor que antes, con una real gestión de la oferta, haciendo posible encontrar precios que sean justos tanto para los productores como para los consumidores.

Esto significa volver a proteger la producción nacional de los países, tanto contra el dumping de alimentos importados con precios artificialmente baratos, que socava la producción nacional, como de alimentos artificialmente caros, como ahora. Significa reconstituir las reservas públicas de cereales y las paraestatales de comercialización, ahora en versiones mejoradas, con la participación fundamental de las organizaciones campesinas en su gestión, quitando a las trasnacionales el control sobre nuestra comida. También incentivar la recuperación de la capacidad productiva nacional, proveniente del sector campesino y familiar, por medio de los presupuestos públicos, los precios de garantía, los créditos y otros apoyos, y la reforma agraria genuina. Urge la reforma agraria en muchos países para reconstruir al sector campesino y familiar, cuya vocación es producir alimentos, ya que el latifundio y el agronegocio suelen producir sólo para coches y para la exportación. Y se tienen que implementar controles, como han hecho algunos países en los últimos días, contra la exportación forzosa de alimentos que son requeridos por la población nacional.

Además, urge hacer un cambio de la actual tecnología en la producción, hacia una agricultura basada en los principios de la agroecología, sustentable, una producción agrícola que parta del respeto y del equilibrio con las condiciones naturales, la cultura local y los saberes tradicionales. Está demostrado que los sistema de producción agroecológicos pueden ser hasta más productivos, resisten mejor las sequías y otros cambios climáticos, y que por su bajo uso de recursos energéticos son más sustentables económicamente. Porque ya no podemos tener el lujo de alimentos cuyos precios estén vinculados al petróleo, ni mucho menos dañar la productividad futura de los suelos por medio de la agricultura industrial de grandes extensiones de monocultivos mecanizados y llenos de venenos y transgénicos.

En fin, ya llegó la hora de La Vía Campesina y la soberanía alimentaria. No hay más remedio para alimentar al mundo, y nos corresponde a todos y todas movilizarnos en masa para asegurar los cambios tan necesarios de políticas públicas a escala nacional e internacional.

*Autor del libro Food is different, why we must get the WTO out of agriculture. 2006


Crisis alimentaria

Álvaro Bracamonte Sierra*

Hace un par de semanas el gobernador Bours anunció, en una gira por el Sur de Sonora, que esta región recibiría ingresos superiores a los siete mil millones de pesos tras la venta del trigo que se obtendrá en el actual ciclo agrícola. Más de cinco mil millones corresponderán a los trigueros del Yaqui y el resto a los del Mayo.

Es sin duda una grata noticia que aliviará de manera sustancial la alicaída economía de esa zona de la entidad. Desde hace muchos años no se obtenían tan buenos resultados en la siembra del cereal; de hecho la estrategia planteada por las autoridades era la reconversión del patrón de cultivos a fin de disminuir la superficie de granos por incosteables y elevar la de frutales y hortalizas que sin duda son más rentables.

Los básicos, específicamente el trigo, han sido desde hace muchos años, la columna vertebral del desarrollo agrícola del estado y por supuesto de la economía en general; las dos dependieron por mucho tiempo de lo que pasaba con esa gramínea. En el pasado todo estaba dispuesto para que la trilla y su comercialización fueran un éxito seguro.

Estas condiciones se modificaron conforme el agro nacional y parcialmente el regional era abandonado para dar paso al crecimiento industrial del país.

La última vez que los trigueros experimentaron un buen año fue en 1996 justo cuando los precios internacionales y la devaluación de 1995 se combinaron para fijar un precio del trigo por encima de los promedios de los ciclos recientes.

En ese entonces el precio por tonelada se pactó en alrededor de 2 mil pesos lo que permitió ingresos inesperados para los productores. Algo más o menos parecido sucede ahora; no hay una devaluación como la ocurrida en 1996, sin embargo, el precio del trigo y de todos los alimentos se han elevado súbitamente.

Hace un año el precio de la tonelada de trigo se pactaba en el mercado internacional a razón de 170 ó 200 dólares dependiendo de su tipo; en el año en curso supera los 400 dólares. Es decir, en un lapso de unos cuantos meses el precio se ha elevado en más de 100 por ciento.

Esto es lo que explica el buen año que obtendrán los trigueros del sur de Sonora, región que concentra el 65 por ciento de toda la superficie sembrada en la entidad; en la actual temporada se espera que el volumen producido supere el millón y medio de toneladas; una parte se destina a la exportación, otro tanto se vende a industriales harineros de la localidad y un porcentaje importante como alimento para ganado.

El hecho de que a los productores del sur les vaya bien no quiere decir que todos estén pasándola igual. Más bien es lo contrario; el incremento en los precios de los alimentos beneficia a las zonas productoras, pero está afectando de manera dramática a los países cuya producción está lejos de ser suficiente para garantizar la comida de su población.

Y no sólo el trigo ha subido; en la misma situación se halla el maíz, grano que constituye la dieta de la mayoría de los mexicanos. También es similar el caso de la soya y el arroz que, para sorpresa de tirios y troyanos, ha empezado a racionarse en Estados Unidos.

Esta elevación de los precios responde a la decisión de muchos países productores de desviar una parte significativa de la cosecha para su uso como combustible. Es el caso del maíz que en Estados Unidos se está utilizando para la generación de etanol, un sustituto de la gasolina.

Es decir, lo que parecía a primera vista una buena solución a la inestabilidad del mercado de hidrocarburos está propiciando profundos desequilibrios económicos y sociales dadas las devastadoras consecuencias en la sustentabilidad de los países importadores de alimentos.

De no tener en cuenta esta situación el mundo eventualmente experimentará una escalada de hambrunas ocasionadas por el desequilibrio entre el precio y abasto de “commodities”.

Ni duda cabe que frente al caprichoso ciclo que distingue a la agricultura mundial vale la pena volver a lo básico, es decir, reorientar la política agropecuaria para restablecer la soberanía alimentaria como estrategia central del desarrollo nacional. Conseguir la independencia en el abasto de los alimentos es un aspecto crucial para consolidar nuestra frágil economía.

Desde luego estas dificultades no impiden congratularnos con los productores del sur quienes por fin cortarán una madura después de tantos años de “vacas flacas”.

*Profesor investigador de El Colegio de Sonora.

 

La Jornada  Sábado 10 de mayo de 2008


El hambre de los agronegocios


Silvia Ribeiro*

Por todo el mundo siguen aumentando los precios de los alimentos y en los países más vulnerables resultan en situaciones intolerables como hambrunas, a menudo combinadas con sequías o inundaciones, efectos perversos del cambio climático. Ante la gravedad de la crisis, caen máscaras y se vacían discursos, como la receta de los agrocombustibles y los supuestos beneficios del libre comercio y la agricultura de exportación.

Robert Zoellick, ahora como presidente del Banco Mundial, anuncia que los precios seguirán altos por varios años, y que es necesario fortalecer la “ayuda alimentaria” para gestionar la crisis. Zoellick, que pasó a este cargo luego de ser jefe de negociaciones de Estados Unidos en la Organización Mundial de Comercio, sabe de lo que habla: desde su puesto anterior hizo todo lo que pudo para romper la soberanía alimentaria de los países, en función de favorecer los intereses de las grandes trasnacionales de los agronegocios. Incluso ahora, la receta de la “ayuda alimentaria”, es otra vez un apoyo encubierto a las mismas transnacionales, que tradicionalmente son quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que “caritativamente” les entregan a los hambrientos, con la condición de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan.

Los grandes ganadores de la crisis alimentaria son también actores centrales y grandes ganadores en la promoción de los agrocombustibles: las trasnacionales que acaparan el comercio nacional e internacional de cereales, las empresas semilleras, los fabricantes de agrotóxicos.

En estos dos últimos rubros son en muchos casos las mismas empresas: a nivel global, Monsanto es la principal empresa de semillas comerciales y la quinta en agrotóxicos. Bayer es la primera en agrotóxicos y la séptima en semillas, Syngenta la segunda en agrotóxicos y la tercera en semillas, Dupont la segunda en semillas y la sexta en agrotóxicos. Junto a BASF y Dow (tercera y cuarta en agrotóxicos), estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo, que casualmente es también la solución que proponen a todos los nuevos problemas (que ellas mismas han sido parte fundamental en provocar).

Junto a los que dominan más del 80 por ciento del comercio mundial de cereales: Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus; todas han tenido ganancias absolutamente impúdicas, gracias a la escasez de alimentos, la promoción y subsidios a los agrocombustibles y el alza de los precios del petróleo (los agrotóxicos son petroquímicos). Un excelente informe de Grain (El negocio de matar de hambre, www.grain.org), da cuenta de estas ganancias: para el 2007, Cargill aumentó sus ganancias 36 por ciento; ADM, 67 por ciento; ConAgra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento; Dreyfus, 77 por ciento, en el último trimestre de 2007. Monsanto obtuvo 44 por ciento más que en 2006 y Dupont-Pioneer 19 por ciento.

A esta situación se suma el hecho de que los grandes fondos de inversión especulativa –frente a la crisis financiera e inmobiliaria– trasladaron millonarias sumas de dinero a controlar los productos agrícolas en el mercado internacional o commodities. Actualmente, se estima que estos fondos controlan 60 por ciento del trigo y altos porcentajes de otros granos básicos. La mayor parte de la cosecha de soya de los próximos años, ya está comprada como “futuro”. Estos alimentos se han convertido en un objeto más de especulación bursátil, cuyo precio se modifica (y aumenta) en función de los jaloneos especulativos, no de los mercados locales o las necesidades de la gente.

Pese a esta paliza global a toda la gente común, peor para los más desposeídos, las trasnacionales no se dan por satisfechas y van por más. Ahora preparan el próximo asalto, monopolizando a través de patentes, los caracteres genéticos que consideran útiles para hacer plantas resistentes a la sequía, salinidad y otros factores de estrés climático.

Los gobiernos a su servicio, como México, pretenden apagar el fuego con gasolina: en lugar de soberanía alimentaria y control campesino de las semillas e insumos, proponen transgénicos con aún más modificaciones y más riesgos, maíz transgénico para aumentar la contaminación y la dependencia, y que hasta los campesinos más pobres, con apoyos públicos, siembren agrocombustibles en lugar de comida.

*Investigadora del Grupo ETC

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