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CRISIS CLIMÁTICA
Documentos de discusión hacia CANCÚN
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Crisis climática y agricultura campesina

Documento de trabajo de la Asamblea Nacional de Aniversarios
Atoyac de Álvarez, 28 de agosto de 2010

1.- La crisis del clima ya ha sido caracterizada por científicos del mundo entero como la peor amenaza que haya tenido la humanidad en toda su historia. Sus causas principales son el modelo de producción y consumo impuesto por el capitalismo, y la revolución industrial basada en el uso del petróleo con emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Esos gases están engrosando las capas de la atmósfera y provocando un sobrecalentamiento del planeta. Todos los países y personas tenemos una responsabilidad histórica común, pero diferenciada. Las sociedades ricas son las principales contaminadoras y Estados Unidos de América, con el 5 por ciento de la población mundial, emana el 25 por ciento de los GEI. Nuestro vecino del norte, a causa del consumo ilimitado, ha venido aumentando sus emisiones hasta llegar actualmente a más de 20 toneladas anuales de bióxido de carbono (CO2) por habitante. Ello representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un habitante promedio de los países en desarrollo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de África Subsahariana. Esta situación está en el centro de los reclamos de justicia climática porque los países pobres son los primeros en sufrir las consecuencias de un problema que no ha sido causado por ellos.

2. El cambio climático es un hecho cuyas consecuencias ya estamos viviendo. El incremento en la intensidad y frecuencia de los huracanes, inundaciones o sequías y otras perturbaciones meteorológicas son parte de este fenómeno que ya nos está afectando seriamente en infraestructura, producción, salud y vidas humanas. Si no se toman medidas fuertes, el incremento de temperatura podría ser mayor a 2°C  para 2050, pero basta medio grado para alterar el equilibrio climático.

Este será el tema de la reunión de Cancún denominada XVI Conferencia de las Partes (COP16) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Durante ella, entre el 29 de noviembre y el 10 de diciembre, la UNORCA y la Vía Campesina, y otras organizaciones afines, llevaremos a cabo el Foro Alternativo de los Pueblos para contrastar la reunión de los gobiernos dando a conocer nuestras críticas, demandas y propuestas. El antecedente inmediato es la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, llevada a cabo en abril, en Cochabamba, Bolivia, y el encuentro paralelo a la COP15 en diciembre de 2009, en Copenhague.

3. En México no hay un sólo sector de la economía, población o región que quede a salvo de los impactos de la alteración del clima. Nuestro país se ubica entre los de mayor vulnerabilidad, debido a que 15 por ciento de su territorio nacional, 68.2 por ciento de su población y 71 por ciento de su producto interno bruto (PIB) se encuentran altamente expuestos al riesgo de impactos directos del cambio climático.

Nuestra biodiversidad ya está siendo afectada y algunas especies se ven obligadas a desplazarse y para otras aumenta el riesgo de extinción.

El incremento de la temperatura y la fluctuación de las lluvias afectarán a los ecosistemas y especies más asociados con climas frescos y húmedos. Se considera que entre 20 por ciento y 46 por ciento de las superficies de los bosques de pinos y encinos resultarán gravemente dañados entre los años 2020 y 2050.

Cerca del 63 por ciento del país será perjudicado y las áreas que presentarán los mayores impactos climáticos serán los matorrales y pastizales.

La crisis climática agudizará el problema del agua, más regiones sufrirán escasez, y habrá casos extremos como el Valle de México y el noroeste de la república. En el Distrito Federal, Veracruz y Mexicali se han intensificado las olas de calor en años recientes.

Algunas enfermedades respiratorias y alergias ya se han agravado como consecuencia de las alteraciones del clima. Los ciclos de transmisión de enfermedades como el dengue se incrementarán en algunas áreas del Golfo de México. Para el norte del país, se registra una relación significativa entre la temperatura y la mortalidad por golpe de calor.

La pérdida económica en la producción agrícola podría superar los 20 mil millones de pesos. Es decir, si se toma en cuenta que el valor de la producción de los cultivos importantes es del orden de los $39 mil millones, la pérdida anual en la producción debido al cambio climático podría ser mayor al 50 por ciento. Los impactos en la economía mexicana podrían alcanzar hasta el 40 por ciento del PIB para fines de siglo.

4. Nuestra estrategia rumbo a Cancún incluye demandas concretas y metas a realizar en esta etapa de lucha. En primer lugar, es necesario que nuestra base esté bien informada y que la sociedad tome conciencia del problema.

Nuestra exigencia apunta a que los gobiernos de los países ricos se comprometan en la segunda etapa del Protocolo de Kioto, a partir de 2012, y que no ignoren estos acuerdos por la vía de eludir su discusión. No se puede dejar de mencionar la aberración de que el país más contaminante (EUA) se haya negado hasta la fecha a firmar dichos acuerdos.

Retomando los acuerdos de Cochabamba, demandamos que los países industrializados reduzcan sus emisiones en un 50% hacia el final de la segunda década del siglo, respecto a 1990, para que la temperatura no aumente en más de un grado centígrado.

Es necesario que los países ricos aporten recursos suficientes (al menos el 1% de su PIB) para fortalecer el fondo que apoye proyectos en los demás países para reducir los GEI, como el cambio a fuentes de energía no contaminantes, y su aplicación se lleve a cabo con metas específicas.

5. Es urgente crear instancias que sancionen a quienes no cumplan o no se comprometan con las verdaderas soluciones a la crisis climática. Y todas las medidas que se apliquen deben ser consultadas con las sociedades de todas las naciones y aprobadas mediante referéndum.

6. Demandamos que el gobierno mexicano se comprometa con estas propuestas y las que surjan de la sociedad civil así como de los científicos preocupados, y no se limite a organizar un evento que funcione bien pero sin compromisos de fondo.

7. Nos pronunciamos por que se fortalezcan las agriculturas campesinas e indígenas que utilizan menores cantidades de energía de origen fósil, que se prohíba el uso de las semillas transgénicas y de los agrocombustibles.

Se debe avanzar hacia el fortalecimiento de los mercados internos para que los alimentos que producimos no deban recorrer grandes distancias para ser consumidos, lo cual requiere mayor gasto de energía.

Sostenemos que las políticas públicas sobre cambio climático no se deben constreñir a medidas de mitigación y adaptación, menos aún de mercantilización, sino que deben ir encaminadas al cambio de modelos de producción y consumo, porque ahí está la raíz de la crisis climática.

8. El presupuesto para el campo debe enfocarse a promover la agricultura campesina sustentable y la producción orgánica así como a recuperar la soberanía alimentaria apoyando a ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios, porque ésa es la única forma de agricultura que contribuye a detener el calentamiento global. Los indígenas y campesinos alimentamos a la humanidad y podemos contribuir a enfriar el planeta. Entre las propuestas alternativas está el fomento de la milpa tradicional, con semillas nativas y producción orgánica, porque está demostrada su viabilidad ambiental y productiva.

Demandamos también generalizar el uso de energías renovables en la operación de pozos para riego así como el empleo de fertilizantes que no tengan como base la petroquímica.

Es necesario disminuir el uso de vehículos particulares, fortalecer el transporte público e incentivar el uso de la bicicleta.

Entre otras cosas, hay que reducir la aglomeración urbana, hay que abastecer a las ciudades con los productos sostenibles de las áreas rurales más cercanas. Hay que reducir los traslados al trabajo y a la escuela.

9. Nos preocupa que los recursos para el desarrollo de programas de energías limpias y acciones para combatir los efectos negativos del cambio climático en el país, se apliquen en beneficio de las trasnacionales como ocurre ahora mismo con buena parte del dinero público. No estamos de acuerdo en que las empresas multinacionales vean en la crisis climática una oportunidad más de incrementar sus ganancias a costillas de nosotros y de la viabilidad del planeta.

10. Cambiemos el sistema, no el clima.

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¡Miles de Cancún por la justicia climática!


La Vía Campesina convoca a los movimientos sociales
y llama al pueblo a movilizarse


La gente construye soluciones ante la crisis del clima

Los movimientos sociales de todo el mundo se están movilizando para la 16ª Conferencia de las Partes (COP 16) de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) que se celebrará en Cancún, del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010.

La COP 15 en Copenhague demostró la incapacitad de la mayoría de los gobiernos para enfrentarse a las causas reales del caos climático. La presión de los EE.UU. logró la aprobación antidemocrática del llamado "Entendimiento de Copenhague", con el fin de desconocer los débiles compromisos de Kioto de Naciones Unidas y dejar sólo mecanismos voluntarios en base al mercado.

Las negociaciones climáticas se han convertido en un gran mercado. Los países industrializados, históricamente responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero, están inventando todos los trucos posibles para evitar reducirlas. Por ejemplo, el "Mecanismo para un Desarrollo Limpio" (MDL) del protocolo de Kioto permite a los países seguir contaminando y consumiendo como de costumbre, a cambio de pagos mínimos para que supuestamente los países del Sur reduzcan sus emisiones. Lo que en realidad ocurre es que las empresas ganan doblemente: por contaminar y por vender falsas soluciones.

Monsanto pretende convencernos que su soya Roundup Ready puede calificar para los créditos de carbono porque contribuiría a reducir los gases que calientan el planeta mediante acumulación de materia orgánica en el suelo. Las comunidades que viven donde hay monocultivos de soya son una muestra viviente de los efectos mortales y destructivos de dichas siembras. Argumentos falsos similares se utilizan para vender créditos de carbono en base a monocultivos forestales, el cultivo de agrocombustibles, o la producción industrial de ganado.

Muchos gobiernos de los países del Sur, encandilados por las potenciales ganancias, están apostando a estas falsas soluciones y negándose a implementar medidas que efectivamente enfrenten el cambio climático, como dar apoyo a la agricultura campesina sostenible, orientar la producción hacia los mercados internos, establecer efectivas políticas de ahorro de energía por parte de la industria, etc.

Exigimos la aplicación de las miles de soluciones de los pueblos ante la crisis climática

Ya es hora de que la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático propicie políticas sólidas para contribuir a solucionar el caos climático. Es preciso que los países se comprometan de manera firme y vinculante para reducir radicalmente las emisiones de gases y cambiar por completo su modo de producción y consumo.

El cambio climático también está agudizando la crisis de la migración. Las sequías, las tormentas con terribles inundaciones, la contaminación del agua y el deterioro del suelo, así como otros impactos destructivos del desastre ambiental neoliberal, están provocando un desplazamiento de millares de personas, principalmente mujeres y campesinos arruinados, de sus comunidades rurales hacia las ciudades y hacia el Norte buscando desesperadamente su sobrevivencia y la de sus familias. Se calcula que 50 millones de personas han sido forzadas a emigrar debido a los efectos climáticos. Estos "desplazados climáticos" han venido a engrosar las filas de los más de 200 millones de seres humanos, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), que hoy representan la peor crisis migratoria que ha enfrentado la humanidad.

Las soluciones existen. Más de 35,000 personas se reunieron en abril en Cochabamba, Bolivia en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra ampliando nuevas visiones y propuestas para salvar al planeta. Son estas miles de soluciones que surgen desde los pueblos las que enfrentan efectivamente la crisis climática.

Exigimos a la CMNUCC que adopte las demandas del Acuerdo de los Pueblos de Cochabamba y que rechace todas las soluciones falsas que se estén tramando. Entre ellas:

Defender los derechos de la tierra y el bosque: Rechazamos la iniciativa REDD + (reducción de las emisiones por deforestación y degradación). La protección de los bosques y la reforestación de los bosques degradados es una obligación de todos los gobiernos que debe implementarse sin limitar la autonomía, los derechos o el control de los pueblos indígenas y campesinos sobre la tierra y los territorios, y sin que sirva de excusa para que otros países y corporaciones sigan contaminando y sembrando monocultivos de árboles. Los derechos territoriales y culturales de los pueblos indígenas y de los campesinos deben reconocerse explícitamente en cualquier acuerdo climático.

Refutar la geoingeniería: Las propuestas a gran escala para alterar deliberadamente el clima, como el biochar y las plantas modificadas genéticamente para lograr un supuesto incremento de la reflectividad y la resistencia a las sequías, el calor y la sal, la fertilización del mar o la creación masiva de nubes sólo crea nuevos problemas inmanejables, no son soluciones. La geoingeniería es sólo un ejemplo más de cómo las empresas transnacionales están dispuestas a jugar con el futuro del planeta y la humanidad con el fin de crear nuevas fuentes de ganancias.

Rechazar todos los esquemas de comercio de carbono y los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL): El comercio de carbono ha probado ser extremadamente lucrativo en términos de generación de ganancias para los inversionistas, sin embargo ha fallado rotundamente en la reducción de gases de efecto invernadero. En el "mercado de carbono" recientemente inventado, el precio del carbono continúa cayendo en picada, lo cual fomenta aún más la contaminación. Las emisiones de carbono deben reducirse en la fuente en vez de permitir que se pague por tener el derecho a contaminar.

Repudiar cualquier participación del Banco Mundial en la gestión de los fondos y políticas relacionadas con el cambio climático.

Necesitamos millones y millones de comunidades campesinas y territorios indígenas para alimentar la humanidad y enfriar el planeta

La investigación científica muestra que los pueblos campesinos e indígenas podríamos reducir las emisiones globales actuales al 75 por ciento al incrementar la biodiversidad, recuperar la materia orgánica del suelo, sustituir la producción industrial de carne por una producción diversificada a pequeña escala, expandir los mercados locales, parar la deforestación y hacer un manejo integral del bosque.

La agricultura campesina no sólo contribuye positivamente al equilibro del carbono del planeta, sino que crea también 2 mil 800 millones de puestos de trabajo, para hombres y mujeres en todo el mundo, y es el mejor modo de luchar contra el hambre, la desnutrición y la crisis alimentaria actual.

El pleno derecho a la tierra y la recuperación de los territorios, la soberanía alimentaria, el acceso al agua como bien social y derecho humano, el derecho a usar, conservar e intercambiar libremente las semillas, la desconcentración y fomento a los mercados locales, son condiciones indispensables para que los pueblos campesinos e indígenas sigamos alimentando el mundo y enfriando el planeta.

¡Únete a nosotros organizando miles de Cancún!

Junto a diversas organizaciones instalaremos un campamento en Cancún, que unirá la fuerza y la resistencia de los pueblos campesinos del mundo, que ya estamos enfriando el planeta.

Llamamos a los movimientos sociales, las organizaciones populares y a los pueblos de todo el mundo a organizar miles de protestas y acciones en rechazo a las falsas soluciones y las soluciones de mercado. Nos declaramos en movilización permanente hasta derrotar las negociaciones de gran mercado en Cancún en diciembre.

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La Vía Campesina
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Acuerdo de los Pueblos

Cochabamba, Bolivia. 22 de abril de 2010
Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra
Construyendo el Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra

Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro. De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague”, existe el 50% de
probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los
polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1,020 millones de personas.

Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más desarrollados”, en complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un problema reducido a la elevación de la temperatura sin cuestionar la causa que es el sistema capitalista. Confrontamos la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la revolución industrial.

El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales,
la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma. Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores, en
personas que valen por lo que tienen y no por lo que son. El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos. Se trata de un sistema imperialista de colonización del planeta.

La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida. Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos.

Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.
Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de:

• Armonía y equilibrio entre todos y con todo
• Complementariedad, solidaridad, y equidad
• Bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos en armonía con la Madre Tierra
• Respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos
• Reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene
• Eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo
• Paz entre los pueblos y con la Madre Tierra.

El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta
es capaz de soportar. En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el 2030.

En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno de sus componentes no es posible reconocer derechos solamente a la parte humana sin provocar un desequilibrio en todo el sistema. Para garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la naturaleza es necesario reconocer y aplicar efectivamente los derechos de la Madre Tierra.

Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra en el cual se consignan:

• Derecho a la vida y a existir;
• Derecho a ser respetada;
• Derecho a la regeneración de su biocapacidad y continuación de sus ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas;
• Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados;
• Derecho al agua como fuente de vida;
• Derecho al aire limpio;
• Derecho a la salud integral;
• Derecho a estar libre de la contaminación y polución, de desechos tóxicos y radioactivos;
• Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable.
• Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las actividades humanas.

La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para hacer efectivo el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que determina “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas para el sistema climático”. Nuestra visión es, sobre la base del principio de las responsabilidades históricas comunes pero diferenciadas, exigir que los países desarrollados se comprometan con metas cuantificadas de reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de 1°C.

Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión, y con el apoyo de los pueblos, movimientos y países, los países desarrollados deberán comprometerse con metas ambiciosas de reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto plazo, manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema climático de la Tierra, de acuerdo al
objetivo último de la Convención.

La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no debe reducirse en la negociación de cambio climático a definir el límite en el incremento de la temperatura y la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe comprender de manera integral y equilibrada un conjunto de medidas financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para restablecer la armonía con la naturaleza.

Los países desarrollados, principales causantes del cambio climático, asumiendo su responsabilidad histórica y actual, deben reconocer y honrar su deuda climática en todas sus dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático. En este marco exigimos a los países desarrollados que:

• Restablezcan a los países en desarrollo el espacio atmosférico que está ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica la descolonización de la atmósfera mediante la reducción y absorción de sus emisiones.
• Asuman los costos y las necesidades de transferencia de tecnología de los países en desarrollo por la pérdida de oportunidades de desarrollo por vivir en un espacio atmosférico restringido.
• Se hagan responsables por los cientos de millones que tendrán que migrar por el cambio climático que han provocado y que eliminen sus políticas restrictivas de migración y ofrezcan a los migrantes una vida digna y con todos los derechos en sus países.
• Asuman la deuda de adaptación relacionadas a los impactos del cambio climático en los países en desarrollo proveyendo los medios para prevenir, minimizar y atender los daños que surgen de sus excesivas emisiones.
• Honren estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre Tierra adoptando y aplicando la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas.

El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino principalmente de justicia restaurativa – es decir restituyendo la integridad a las personas y a los miembros que forman una comunidad de vida en la
Tierra.

Deploramos el intento de un grupo de países de anular el Protocolo de Kioto el único instrumento legalmente vinculante específico para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados. Advertimos al mundo que no obstante estar obligados legalmente las emisiones de los países desarrollados en lugar de reducir, crecieron en un 11,2% entre 1990 y 2007.

Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones de GEI en 16,8% durante el periodo 1990 al 2007, emitiendo como promedio entre 20 y 23 toneladas anuales de CO2 por habitante, lo que representa más de 9 veces las emisiones correspondientes a un habitante promedio del Tercer Mundo, y más de 20 veces las emisiones de un habitante de África Subsahariana.

Rechazamos de manera absoluta el ilegitimo “Entendimiento de Copenhague”, que permite a estos países desarrollados ofertar reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero, basadas en compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad ambiental de la Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de alrededor de 4º C.

La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines de año en México debe aprobar la enmienda al Protocolo de Kioto, para el segundo período de compromisos a iniciarse en 2013 a 2017 en el cual los países desarrollados deben comprometer reducciones domésticas significativas de al menos el 50% respecto al año base de 1990 sin incluir mercados de carbono u otros sistemas de desviación que enmascaran el incumplimiento de las reducciones reales de emisiones de gases de efecto invernadero.

Requerimos establecer primero una meta para el conjunto de los países desarrollados para luego realizar la asignación individual para cada país desarrollado en el marco de una comparación de esfuerzos entre cada uno de ellos, manteniendo así el sistema del Protocolo de Kioto para las reducciones de las emisiones.

Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la Tierra del Anexo 1 que no ratificó el Protocolo de Kioto tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo por cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía. Los pueblos tenemos los mismos derechos de protección ante los impactos del cambio climático y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida como la resignación a los impactos provocados por las emisiones históricas de los países desarrollados, quienes deben adaptar sus estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático, considerando la adaptación como un proceso y no como una imposición, y además como herramienta que sirva para contrarrestarlos, demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida distinto.

Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo exclusivo para enfrentar el cambio climático como parte de un mecanismo financiero manejado y conducido de manera soberana, transparente y equitativa por nuestros Estados. Bajo este Fondo se debe valorar: los impactos y sus costos en países en desarrollo y las necesidades que estos impactos
deriven, y registrar y monitorear el apoyo por parte de países desarrollados. Éste debe manejar además un mecanismo para el resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por pérdida de oportunidades y la reposición por eventos climáticos extremos y graduales, y costos adicionales que podrían presentarse si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos así como aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien.

El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en desarrollo por algunos Estados, más allá de ofertar recursos insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo condicionando el acceso a recursos de adaptación a cambio de medidas de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable que en los procesos de negociación internacional se intente categorizar a los países en desarrollo por su vulnerabilidad al cambio climático, generando disputas, desigualdades y segregaciones entre ellos.

El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el calentamiento global y enfriar el planeta sólo se logrará llevando adelante una profunda transformación en la agricultura hacia un modelo sustentable de producción agrícola campesino e indígena/originario, y otros modelos y prácticas ancestrales ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en
armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos en complementación con la Madre Tierra y profundizando la producción autónoma (participativa, comunitaria y compartida) de cada nación y pueblo.

El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la agricultura y los modos de vida de los pueblos indígenas/originarios y campesinos del mundo y estos impactos se irán agravando en el futuro. El agro negocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos
para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático. Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el planeta. Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida, los paquetes tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como falsas soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnología Terminator y similares) que únicamente agudizarán la crisis actual.

Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socioambiental.

Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos y la Madre Tierra a acceder y gozar del agua y apoyamos la propuesta del Gobierno de Bolivia para reconocer al agua como un Derecho Humano
Fundamental.

La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los monocultivos no son bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de negociación que reconozca los bosques nativos y la selva y la diversidad de los ecosistemas de la tierra.

La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios considerando especialmente que la mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.

Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la Naturaleza.

Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas. Esto deberá ser una compensación directa y adicional a las fuentes de financiamiento comprometidas por los países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los países a detener las iniciativas locales en bosques y selvas basados en mecanismos de mercado y que proponen resultados inexistentes y condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado por los pueblos, implementando semillas
forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas.

Exigimos a los Estados que reconozcan, respeten y garanticen la efectiva aplicación de los estándares internacionales de derechos humanos y los derechos de los Pueblos Indígenas, en particular la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos pertinentes, en el marco de las negociaciones, políticas y medidas para resolver los desafíos planteados por el cambio climático. En especial, demandamos a los Estados a que reconozcan jurídicamente la preexistencia del derecho sobre nuestros territorios, tierras y recursos naturales para posibilitar y fortalecer nuestras formas tradicionales de vida y contribuir efectivamente a la solución del cambio climático.

Demandamos la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta, la participación y el consentimiento previo, libre e informado de los Pueblos Indígenas en todos los procesos de negociación así como en el diseño e implementación de las medidas relativas al cambio climático. En la actualidad la degradación medioambiental y el cambio climático alcanzarán niveles críticos, siendo una de las principales consecuencias la migración interna así como internacional. Según algunas proyecciones en 1995 existían alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, al presente se estima en 50 millones y las proyecciones para el año 2050 son de 200 a 1000 millones de personas que serán desplazadas por situaciones derivadas del cambio climático. Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad sobre los migrantes climáticos, acogiéndolos en sus territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través de la firma de convenios internacionales que contemplen la definición de migrante climático para que todos los Estados acaten sus determinaciones.

Constituir un Tribunal Internacional de Conciencia para denunciar, hacer visible, documentar, juzgar y sancionar las violaciones de los derechos de los(a) migrantes, refugiados(as) y desplazados en los países de origen, tránsito y destino, identificando claramente las responsabilidades de los Estados, compañías y otros actores.

El financiamiento actual destinado a los países en desarrollo para cambio climático y la propuesta del Entendimiento de Copenhague son ínfimos. Los países desarrollados deben comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la Ayuda Oficial al Desarrollo y de fuente pública, de al menos 6% de su PIB para enfrentar el cambio climático en los países en desarrollo. Esto es viable tomando en cuenta que gastan un monto similar en defensa nacional y destinaron 5 veces más para rescatar bancos y especuladores en quiebra, lo que cuestiona seriamente sus prioridades mundiales y su voluntad política. Este financiamiento debe ser directo, sin condicionamiento y no vulnerar la soberanía nacional ni la
autodeterminación de las comunidades y grupos más afectados. En vista de la ineficiencia del mecanismo actual, en la Conferencia de México se debe establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que funcione bajo la autoridad de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio Climático rindiendo cuentas a la misma, con una representación significativa de los países en desarrollo para garantizar el cumplimiento de los compromisos
de financiamiento de los países Anexo 1.

Se ha constatado que los países desarrollados incrementaron sus emisiones en el periodo 1990 – 2007, no obstante haber manifestado que la reducción se vería sustancialmente coadyuvada con mecanismos de mercado. El mercado de carbono se ha transformado en un negocio lucrativo, mercantilizando nuestra Madre Tierra, esto no representa una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma.

La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz de regular el sistema financiero, que es frágil e inseguro ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios, por lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra. Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono toda vez que los mecanismos existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones reales y directas en la reducción de gases de efecto invernadero.

Es imprescindible exigir el cumplimento de los compromisos asumidos por los países desarrollados en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático respecto al desarrollo y transferencia de tecnología, así como rechazar la “vitrina tecnológica” propuesta por países desarrollados que solamente comercializan la tecnología. Es fundamental establecer los lineamientos para crear un mecanismo multilateral y multidisciplinario para el control participativo, la gestión y la evaluación continua del intercambio de tecnologías. Estas tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente adecuadas. De igual manera es fundamental el establecimiento de un fondo de financiamiento e inventario de
tecnologías apropiadas y liberadas de derechos de propiedad intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de monopolios privados a ser de dominio público, de libre accesibilidad y bajo costo.

El conocimiento es universal, y por ningún motivo puede ser objeto de propiedad privada y de utilización privativa, como tampoco sus aplicaciones en forma de tecnologías. Es deber de los países desarrollados compartir su tecnología con países en desarrollo, crear centros de investigación para la creación de tecnologías e innovaciones propias, así como defender e impulsar su desarrollo y aplicación para el vivir bien. El mundo debe recuperar, aprender, reaprender los principios y enfoques del legado ancestral de sus pueblos originarios para detener la destrucción del planeta, así como los conocimientos y prácticas ancestrales y recuperación de la espiritualidad en la reinserción del vivir bien juntamente con la Madre Tierra.

Considerando la falta de voluntad política de los países desarrollados para cumplir de manera efectiva sus compromisos y obligaciones asumidos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y frente a la inexistencia de una instancia legal internacional que prevenga y sancione todos aquellos delitos y crímenes climáticos y ambientales que atenten contra los derechos de la Madre Tierra y la humanidad, demandamos la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental que tenga la capacidad jurídica vinculante de prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, las Empresas y personas que por acción u omisión contaminen y provoquen el
cambio climático.

Respaldar a los Estados que presenten demandas en la Corte Internacional de Justicia contra los países desarrollados que no cumplen con sus compromisos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto incluyendo sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero.

Instamos a los pueblos a proponer y promover una profunda reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que todos sus Estados miembros cumplan las decisiones del Tribunal Internacional de Justicia
Climática y Ambiental.

El futuro de la humanidad está en peligro y no podemos aceptar que un grupo de gobernantes de países desarrollados quieran definir por todos los países como lo intentaron hacer infructuosamente en la Conferencia de las Partes de Copenhague. Esta decisión nos compete a todos los pueblos.

Por eso es necesaria la realización de un Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular, sobre el cambio Climático en el cuál todos seamos consultados sobre: el nivel de reducciones de emisiones que deben hacer los países desarrollados y las empresas transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países desarrollados; la creación de un Tribunal
Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar el actual sistema capitalista.

El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular será fruto de un proceso de preparación que asegure el desarrollo exitoso del mismo.

Con el fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar los resultados del presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose en un espacio amplio y democrático de coordinación y articulación de acciones a nivel mundial. Con tal propósito, adoptamos el plan de acción mundial adjunto para que en México los países desarrollados del Anexo 1 respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 50 % y se asuman las diferentes propuestas contenidas en este Acuerdo.

Finalmente, acordamos realizar la 2ª Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra en el 2011 como parte de este proceso de construcción del Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar frente a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se realizará a fines de año en Cancún, México.
 


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